Sigo con noticias, como la última, que te hacen dudar de la esencia humana de nuestro mundo. Leo en El País que los islamistas de Somalia (sí, ese país por el que durante un par de semanas todos nos interesamos hace años y que olvidamos en cuanto dejó de salir en los informativos) han lapidado por adulterio a una mujer.
En la celebración (presenciada por centenares de personas según Reuters) murió también un niño por el disparo de un soldado que intentaba evitar que un pariente intentara evitar el asesinato. El asunto es de una brutalidad tal que no vale la pena comentarlo, aunque sí os voy a dejar dos declaraciones. una de la hermana de la apedreada y otra de uno de los jefes de las milicias islamistas. A partir de ahí, pensad lo que queráis. Yo no tengo nada más que decir.
- “La lapidación ha sido ilógica y antirreligiosa. El Islam no ejecuta a una mujer a menos que cuatro testigos y el hombre con quién cometió el adulterio lo reconozcan públicamente”
- Los líderes islamistas han asegurado que la mujer quebrantó la ley islámica y han prometido castigar al guardia que disparó contra el grupo que rodeaba la lapidación.
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